domingo, 30 de abril de 2017

A estas alturas, ya hasta parecería necio intentar


A estas alturas, ya hasta parecería necio intentar hacer un análisis puntual de lo que pasa en la cancha cada que el Puebla sale a jugar. La triste realidad apunta a que los jugadores (salvo muy contadas excepciones) no tienen el talento, ni la intención, para revertir la situación. El director técnico, a palabras propias, no deja rastro en los juegos de lo que pretende exponer en los entrenamientos. El director deportivo, no se aparece en cámara desde aquella memorable frase “no traje refuerzos, traje complementos”. Y la directiva, a regañadientes, ya hasta está pidiendo disculpas a través de spots, para que la gente acuda a ver el juego ante Cruz Azul, aludiendo a la ‘trascendencia’ que tiene el apoyo de la afición.
¿Falta algo que agregar?

Puebla, sea cual sea su desenlace, ha vuelto a las andadas del pasado. El espejismo del Apertura 2015, ahora sí, quedó completamente diluido. De ese entonces para acá, Puebla perdió nombre, escudo, colores originales y hasta aficionados. Sin embargo, volvió a la mediocridad. Volvió al fútbol inexistente. Volvió a la pedacería de pantalón corto… y también a la de pantalón largo. Y volvió al placer de los chismes extracancha, a falta de sucesos en cancha que logren resaltar más.